Dicen que en el mundo de la publicidad,
como en televisión, está
todo inventado.
Que es complicado sorprender al espectador,
mantenerlo 30 o 40 segundos “enganchado”
a nuestro anuncio.
Que parece que siempre queda esa sensación
de dèjá vu, de haberlo visto
antes.
Sin embargo, en ocasiones, hay spots que
consiguen dejar huella. Bien porque son
agresivos, irreverentes, lacrimosos o
simplemente diferentes. Y esos son sobre
los que merece la pena escribir un artículo.
El caso en el que nos centramos ahora
es la publicidad de la compañía
YOIGO.
YOIGO es una compañía nueva,
cuyo accionariado mayoritario pertenece
a TeliaSonera, operador de telecomunicaciones
líder en la región Nórdica
y el Báltico.
Sus máximas son: la honestidad,
la transparencia y la sencillez. Vamos,
que las cosas claras y el chocolate espeso.
Para ello, han creado una línea
creativa, valga la redundancia, acorde
a su filosofía. Y como portavoces
de ella, han recurrido a los niños.
Y es que, ¿quién dice las
cosas más claras que los niños?
Nadie.
Así, en el primer anuncio que vimos,
aparecía un monigote trazado con
pulso infantil. El señor en cuestión
perseguía a un grupo de cámaras
fotográficas y trípodes,
que huían de el despavoridamente.
En una tipografía también
infantil, leíamos:
No sales mal en las fotos, eres así.
Y una voz en off, de varios niños
riéndose, decía: Verdad,
verdadera.
El resto de spots siguen la misma línea:
_Las mujeres cobran menos
_La letra pequeña es pequeña
para que no se lea
_Todos los anuncios quieren venderte algo,
incluido éste
Es una apuesta arriesgada, pero a mi entender
ha funcionado. Porque se han diferenciado
de su competencia, han hecho algo distinto
y han conseguido que la gente entre en
su página web.
Y como dice su publicidad, al final lo
que todos buscan es vender. Verdad, verdadera.
Para
no levantar suspicacias, quiero aclarar
que la que suscribe no tiene ningún
tipo de interés en promocionar
Yoigo a nivel comercial. Es más,
mi compañía es otra.
Pero también es verdad que me gustan
más estos anuncios que los de la
mía!