Nada
por aquí
Un buen anuncio debe mostrar adecuadamente
el producto ¿No es así?
También
sus características y ventajas,
claro está, pero, sobre todo, al
producto en sí. Si es posible,
deberíamos mostrar también
al público objetivo utilizándolo.
Cómo se disfruta de sus beneficios,
cómo mejora a la competencia. O
al menos, si el producto es un intangible,
relacionarlo claramente con el ámbito
de uso y los tics de su imagen corporativa.
Porque, al fin y al cabo ¿qué
anunciante en su sano juicio gastaría
millones de euros en un anuncio en el
que no mostrara su producto?
BMW lo hace.
Y gracias a eso ha dado un giro radical
a su posición en el mercado y a
su cuota de ventas. Ha conseguido cabalgar
la ola de un mercado en radical expansión,
en la que no partía ni siquiera
como segundón.
“¿Te
gusta conducir?” Estas tres palabras
sobran para identificar a la marca alemana.
Tres palabras que grabaron a fuego en
nuestras mentes valores, calidades y aspiraciones
que ofrecen y cumplen los vehículos
BMW.
Y
para ello, ni un solo faro de xenon, ni
un solo pistón de 4 válvulas.
Es más, absolutamente ninguna imagen
del coche. Únicamente un cocido
haciéndose al fuego, y un domingo
por la mañana remoloneando en la
cama. Suficiente para establecer categorías,
valores y distinciones. Lo suficiente
para que desees el producto. Luego, ya
te informarás.
Claro, podemos argüir que en el siguiente
desarrollo de la serie (la mano por la
ventanilla, la voz en off de la copiloto
dormida, el paisaje rojo) el entorno automovilístico
es tan claro que, al menos, nos introduce
en el ámbito del producto.
Entonces
¿cómo encajar el discurso
el que el BMW describe nuestra propia
humanidad *
? ¿o el actual spot en el que Bruce
Lee nos recomienda “ser agua”?
Películas en las que el discurso
se encuentra absolutamente alejado de
cualquier concepto relacionado no ya con
la marca, sino incluso con la misma categoría
de producto. El producto, hay que admitirlo,
aparece al final del spot, brevemente,
pero en ambos casos se trata de modelos
muy concretos.
Una vez más, el mercado premia
a los audaces, y el público demuestra
ser mucho más inteligente de lo
que agencias y anunciantes, en nuestra
arrogancia, acostumbramos a creer. La
prueba (además de en la cuenta
de resultados de BMW Ibérica),
la podemos encontrar en la publicidad
de sus rivales.
*
Texto escrito por Isaac Asimov en su genial
relato “El Hombre del Bicentenario”,
origen de la novela de idéntico título
que, a su vez, generó la desigual
película protagonizada por Tim Robbins.
Trata de la progresiva humanización
de un atípico robot.
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